CALIGRAFÍA FORMAL

LIBRO DE HONOR.

Proyecto para la Secretaría de la Función Pública.


   

 

Diseño Gráfico (Aplicaciones Sociales, Comerciales)

Actualmente se le considera un arte y como tal exige del conocimiento de su técnica y práctica disciplinada; lo que permite la experimentación con estilos y nuevos materiales. En ésta época, los avances tecnológicos se producen generando cambios profundos en diversos aspectos de la cultura, provocando en muchos casos el desinterés profundo por las tradiciones y hasta su pérdida total. Este es en cierta medida, el caso de la Caligrafía, que con la aparición de la imprenta se vio relegada en su función comunicativa; aunque esto provocó su transición de una tradición a un arte, mismo que igualmente sería lamentable perder al paso del tiempo.

Debido a que la labor de un verdadero calígrafo no se limita a repetir hasta la perfección ciertos signos aprendidos, sino que implica crear y recrear sensaciones empleando los rasgos de los signos (interpretándolos a su manera, dándoles vida con la impronta de su propio estilo y conjugándolos con otros elementos artísticos personales) su trabajo dista de copiar los trazos que integran los alfabetos –como pudieran considerar quienes no conocen ni comprenden suficientemente este arte- sino que considera a cada uno de sus elementos como posibilidades de expresión a las que se les puede vincular a un contenido fonético, a signos abstractos, se les puede agrupar dotándoles de significado o simplemente percibirlos y contemplarlos a través de este arte que puede ser complementado en estos y otros aspectos para conjugarse en contenidos más complejos y expresivos que transmiten las más profundas sensaciones a quienes las observan con detenimiento.

Con la renovación de este arte a inicios del siglo XX se ha experimentado con trazos más independientes, por ejemplo, de la escuela inglesa heredó la asimilación de los diferentes alfabetos característicos de cada periodo histórico (letras rústicas, unciales, góticas, carolingias y sobre todo cancillerescas), los que se convirtieron en materia prima básica con la que el artista da forma a su creación. Pero el talento del artista no se limita a la copia de los modelos, sino que traspasa las reglas establecidas y aporta al trazado y la composición una nota personal que hace de su obra una auténtica creación artística, creando un estilo propio en el que incorpora la tradición a su propia forma de expresión.

En este momento, la caligrafía constituye actualmente un modo de expresión más completo que en el pasado por la importancia creciente que concede a la materia, el ritmo, el color y la gestualidad. Además, con la evolución de materiales e instrumentos han cambiado también las formas y las perspectivas para comprenderla; incluso, algunos de los antiguos instrumentos que ya habían caído en desuso han sido retomados y revestidos de nuevas formas de aplicación. Los cambios en los soportes han enriquecido las opciones y resultados, sin embargo, ahora y siempre la mayor dificultad y el mayor aporte residen en el perfecto dominio del código y la capacidad para hacerlo evolucionar. Cabe también señalar que el límite que separa el arte caligráfico del trazado realizado al azar puede en ocasiones parecer muy estrecho y que el talento o la genialidad radican siempre en el dominio de ese azar para poder transformarlo en algo natural y propio. Por lo mismo, su mayor peligro radica en la falta de lucidez de los aprendices de este arte, que contando apenas con la formación básica se sienten impacientes por quemar etapas sin tomarse el tiempo necesario para madurar las formas y sin recordar que esta es una disciplina que no admite atajos.

Respecto a las posibilidades de desarrollo profesional, cabe señalar que si bien el trabajo no es tan abundante como en otras áreas (diseño o creación literaria por ejemplo) el calígrafo moderno puede vivir de encargos que pueden revestir las formas más banales o las más singulares que son requeridos por diversos públicos que les encomiendan todo tipo de trabajos, principalmente de tipo editorial.

El vínculo que une a la caligrafía con la impresión se encuentra inicialmente en el uso de las letras, pero también en la ilustración de las láminas de los libros, trabajadas y rotuladas a mano o en el diseño combinado que acepta títulos, encabezamientos o portadas caligráficos conviviendo con los elementos tipográficos. Esta presentación frecuentemente refleja alguna cualidad tradicional del contenido del libro o sugieren aspectos y cualidades del mismo, de forma que el estilo y nombre del producto queden inseparablemente unidos en la mente del lector (por eso se utiliza en anagramas, logotipos e identidades para empresas pequeñas y grandes), a veces pretende evocar asociaciones con otras formas artesanales. En este sentido, su vínculo con la publicidad y sus múltiples soportes (impresos como folletos, carteles, empaques y envolturas, tarjetas postales y papelería de oficina, invitaciones a eventos, menús, boletos, rótulos de tiendas, letreros, bolsas, portadas de discos, calendarios, artículos de revistas o publicaciones diversas, pendones y marquesinas, etc.) ofrece enormes posibilidades de desarrollo profesional. Su aplicación en formatos para cine y televisión, principalmente vinculados a la transmisión de obras clásicas o históricas, ballet, ópera, etc.